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Avenida Ignacio Wallis, la avenida cambiante

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Ibiza - Illes Balears- Ibiza

Desde una gasolinera a un centro cultural, un bingo, un polideportivo o una tienda de ropa, la avenida Ignacio Wallis ofrece un aspecto desigual en cada uno de sus tramos, aunque se trata de una de las vías con mayor personali


IBIZA | VICENTE VALERO En el origen de esta avenida, por tanto, se encuentra la primera carretera moderna de la isla, construida en 1871, bien trazada y espaciosa, que, con fincas a ambos lados, empezaba claramente también a las afueras de la vieja ciudad, a pocos metros, sin embargo, de un por entonces reciente y prometedor paseo de S'Alamera. Ignacio Wallis

Una carretera más que, con el tiempo, se convertiría en una vía más del callejero, céntrica, lentamente urbanizada, hasta llegar a lo que es actualmente, una de las avenidas principales de Vila, comercial y de servicios, sin haber dejado nunca de ser lo que originalmente fue, es decir, el inicio de una carretera, aunque son muchos los cambios que en ella se han producido, como si hubiera sido dibujada, borrada y vuelta a dibujar varias veces a lo largo de su larga historia.

Hubo un tiempo en que se puso de moda construir y habitar pequeños chalets a la salida de las poblaciones. En Eivissa se podían encontrar, por ejemplo, algunas de estas viviendas en la actual Vía Púnica o en la zona de Casas Baratas. También aquí, en los primeros cien o doscientos metros de la carretera de Sant Antoni, las hubo. Muchos recordarán aún algunos de aquellos chalets con jardines bien cuidados y aromáticos, construidos entre los años veinte y treinta del pasado siglo ­–algunos también en los cincuenta–.
En ellos habitaron familias como Viñets, Tarrés, Pineda... Casi nada queda de aquellas construcciones familiares burguesas, salvo dos altas y esbeltas araucarias –plantadas en los años veinte– y alguna palmera.

Ignacio Wallis
Entre las edificaciones antiguas, ya desaparecidas también, destacó la Clínica Madrileña, más conocida como Ca n’Alcántara, fundada por el médico madrileño Pedro de Alcántara Martín
ez en 1939, en una casa que había sido anteriormente un hotel (el Hotel Balear) y que sería después, ya en los primeros años 80, la primera sede del Consell Insular d’Eivissa i Formentera. Pero que nadie lo busque tampoco. Los edificios para oficinas y viviendas han ido cubriendo aquellos espacios que otorgaban a la ciudad aquel aspecto apacible y familiar.
Queda, sí, la fachada de la antigua fábrica de géneros de punto de Can Ventosa, de inspiración arquitectónica modernista, construida en los años veinte, y que actualmente da nombre y adorna el nuevo edificio municipal destinado a actividades culturales.


Más allá aún, al final de la avenida, otro edificio, aunque remodelado en algunas de sus partes, se mantiene como vestigio de las primeras edificaciones: el colegio Joan XXIII. Se trataba, originalmente, de un asilo para ancianos, que poco después de ser construido acabó convirtiéndose, durante la guerra civil, en un hospital por necesidad: allí fueron, por ejemplo, atendidos los heridos por los salvajes bombardeos de los aviones italianos en 1936. Avenida Ignacio Walli

Habitaciones llenas de dolor que, décadas después, a finales de los sesenta, se convertirían en aulas de colegio. Y hasta ahora.   

    Pero aquel antiguo asilo tiene su importancia también para conocer un aspecto no menos relevante de esta calle. Porque fue precisamente Ignacio Wallis, rico terrateniente ibicenco, quien lo construyó generosamente en una finca de su propiedad y lo entregó a la Iglesia. En agradecimiento, años después, aquel largo tramo de la vieja carretera de Eivissa a Sant Antoni que empezaba en Can Calbet –un singular edificio de tres pisos con galerías, hoy ya desparecido– y acababa en el asilo de ancianos pasó a llevar su nombre.

Una fábrica de calcetines


Inaugurada en 1925, la fábrica de Can Ventosa supuso una importante novedad en la sociedad insular y dio trabajo a un gran número de mujeres ibicencas. Sus productos se exportaban a Barcelona y estuvo en funcionamiento hasta 1956. Dos años después, el ministerio de Defensa compró el edificio a su propietario, la empresa Calcetería Hispánica, para utilizarlo como servicio de intendencia y economato. Se habilitó entonces también para almacén y taller de reparaciones. En 1989 pasó a ser propiedad municipal gracias a una permuta con el fin de convertirlo en un centro cultural, el cual fue inaugurado en 1995. Hasta allí se trasladó también la Biblioteca Municipal d'Eivissa, que sumó a su fondo el de la Biblioteca de la Caixa d'Estalvis i Pensions de Barcelona, entidad que colaboró económicamente en la reconstrucción del centro
 

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