Paseos

Vara de Rey, un paseo a la espera del siglo XXI

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Ibiza - Illes Balears- Ibiza
A la espera de una reforma, el paseo Vara de Rey ofrece actualmente un paisaje urbano en transición donde se entremezclan lo antiguo y lo nuevo.

IBIZA | VICENTE VALERO

Si es verdad que cada calle o plaza contiene un fragmento insustituible de la historia de una ciudad, el paseo Vara de Rey representa para la ciudad de Ibiza uno de los más significativos. Espacio abierto y fundacional, aquí comienza la historia de la nueva Vila, cuando a mediados del siglo XIX a alguien se le ocurrió transformar en atractivo paseo arbolado –con plátanos llegados de Barcelona en 1849– una finca más a las afueras de Dalt Vila y de la Marina.

Por aquel entonces, un extraño viajero llamado E. A. Claessens de Jongte, profesor de matemáticas y navegación, anotó con detalle en su recorrido por la ciudad que «al salir por la Puerta de la Cruz, uno ve a la izquierda la Alameda, paseo público plantado de árboles en el cual hay bancos de piedra para que los paseantes descansen». Y una de las más antiguas fotografías ibicencas también ofrece testimonio de aquel paseo amplio y polvoriento donde se congregaban hombres, mujeres, criaturas y mulas con la misma felicidad dominical.

La arquitectura llegó a este paseo mucho después y aquí hay que saludar a los promotores con un oh de admiración y de extrañeza. Realmente, salvo aquellos que habían viajado un poco, nadie había visto en Ibiza edificios como los que se contruyeron y dieron forma definitiva a s´Alamera en un proyecto general de 1912 diseñado por el arquitecto José Alomar.

Así se construyeron los edificios de La Mutual (números 8, 10, 12, 14 y 16 del paseo) en 1914 o el de Ca's Tur (5 y 7), en 1916. Y en los años veinte y treinta la arquitectura del paseo fue tomando su forma definitiva, con su armonía burguesa, rematada en 1933 con uno de sus edificios más emblemáticos, el del Hotel Montesol, que entonces se llamaba Grand Hotel, y que apuntaba hacia un futuro turístico de la isla en el que en realidad muy pocos creían.

Antes de todos estos edificios elegantes y con voluntad de estilo, s´Alamera había acogido su primer quiosco «para licores, refrescos y conciertos», en 1894, así como el monumento, obra del escultor catalán Eduardo B. Alentorn, dedicado al general ibicenco Joaquín Vara de Rey, héroe de la guerra de Cuba, que a partir de entonces daría su nombre al paseo, y que fue inaugurado por el rey Alfonso XIII en 1904.

Centro de la ciudad

Si el centro de la ciudad estaba entonces en algún lugar, está claro que éste se desplazó rápidamente hacia el nuevo paseo, que ha hecho durante décadas la función de plaza principal, aunque, a diferencia de las que pueden verse habitualmente en otros muchos pueblos y ciudades, carecía de edificio oficial o religioso de referencia. Ni ayuntamiento ni catedral, el paseo Vara de Rey ha tenido siempre otros referentes, y se diría que estos han sido principalmente los bares.

Desde la inauguración en 1894 de aquel primer quiosco, han sido muchos y muy célebres los bares de s´Alamera: desde el Alhambra hasta el Bagatela, Can Toni de Sa Vinya, el Ibiza o Can Trui... Locales de encuentro o donde pasar la tarde, cada uno con sus características propias y su clientela habitual, tal vez más aficionada a jugar a las cartas en uno, a hacer negocios o charlar apaciblemente en otros, a beber mucho en todos...

Hay otros bares hoy, por supuesto, aunque muy distintos, necesariamente, de aquellos de entonces, que han ido, además, cambiando de nombre sucesivamente en los últimos años. Mención aparte merece el Montesol, claro, cuya terraza, sin duda uno de los principales lugares de encuentro de la ciudad, pertenece ya al terreno de los espacios míticos insulares por su reiterada presencia en la fotografía, el cine y la literatura internacional sobre la isla. También la merece el restaurante Ca n'Alfredo, fundado en los años treinta, un clásico de la gastronomía ibicenca. Y mención aparte merece también, por otras muchas y muy peculiares razones de tipo sociológico, político y cultural, el selecto y viejo Ebusus, que siempre fue mucho más que un bar: un lugar que bien merecería una novela.

¿Sigue siendo hoy Vara de Rey el centro de la ciudad? Durante la segunda mitad del siglo XX sin duda lo fue siempre.

Aquí se instalaron las oficinas de Correos y Telégrafos, del Instituto Nacional de Previsión, de Aguas municipales, de Iberia, de la Banca Matutes... También pasó por aquí la Comandancia Militar. Pero todos estaban destinados a crecer y a buscar locales más grandes en otros lugares.

Hubo también, como en cualquier otro barrio de la ciudad, carpintería, barbería, taller de bicicletas, pastelería, tiendas de ropa, comestibles y electrodomésticos, perfumería, así como la inolvidable tienda de embutidos Ca na Felix, cuyas matanzas se celebraban en el mismo paseo, ante la estupefacción de propios y extraños, sobre todo extraños... Hubo y sigue habiendo cine, remodelado en diversas ocasiones hasta llegar al edificio actual, con galerías comerciales.

El centro comercial de la ciudad ha ido desplazándose hacia otras calles que ofrecían mejores locales, pero la actividad comercial de Vara de Rey continúa viva a su manera en un paisaje de la disparidad donde se entremezcla lo nuevo y lo viejo, lo sofisticado y lo tradicional: Starhome y joyería Vinyets, Bijou Brigitte y Casa Domingo, Öink y la armería Balanzat, Frágil y Can Murenu...

Vara de Rey o s´Alamera representa actualmente un paisaje urbano de transición y ofrece fragmentos de lo que fue y de lo que podría llegar a ser a la espera de una remodelación definitiva ya anunciada. Entretanto, se diría que hoy es, sobre todo, un lugar de paso. O un lugar donde quedar pero donde pocos se quedan. Cuando de verdad era el centro de la ciudad, a este paseo realmente se iba para estar en él.

Fue el lugar siempre improvisado de los juegos infantiles para varias generaciones de ibicencos y, los domingos, un plácido espacio para escuchar la música de la banda municipal o simplemente para pasear y encontrarse con gente conocida. No había desfile, civil o religioso, que no pasara entonces por allí, hasta la procesión del Corpus. Y cuando la isla recibía la visita de algún personaje ilustre, se convertía en el escenario principal: Alfonso XIII, Niceto Alcalá Zamora, Franco, Juan Carlos I... Reyes, príncipes, presidentes de la República, dictadores: todos se han dejado ver en este paseo, todos han mostrado su cara sonriente y paternal.

Sigue siendo en nuestros días el lugar ideal para instalar atracciones temporales, como la Feria de artesanos o la de los libros de ocasión, tal como antes lo fueron las célebres tómbolas benéficas, porque ya se sabe que quien tuvo, retuvo, y este paseo siempre ha estado destinado a ser, a falta de cualquier otro de características similares, por su ubicación y por su singular arquitectura, el lugar principal de la ciudad y seguramente también el único digno de poder serlo.

Para este fin se impone la necesidad de una remodelación importante del paseo, que lo convierta de nuevo en un lugar al que poder ir y en el que poder quedarse. Sin duda, la peatonización, sugerida ya por Erwin Broner a finales de los años 60, parece también imprescindible. El tráfico actual convierte Vara de Rey, al menos en verano, en un ruidoso laberinto sin sentido, difícil de transitar y, sobre todo, de habitar. No por casualidad hoy viven muchas menos personas aquí que hace 50 años.

El proyecto ´Sota Vila´, de Alday Jover arquitectos, ganador del concurso de ideas para la remodelación del paseo, incide en este y en otros aspectos importantes. Tal vez éste sea por fin el proyecto definitivo y necesario para este paseo que ha conseguido dar a la ciudad moderna de Ibiza, no sin dificultades, su mayor dignidad.

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