Paseos

Entre farmacias y 'souvenirs'

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Ibiza - Illes Balears- Ibiza
En otros tiempos la calle de las Farmacias fue una calle bulliciosa y animada casi todos los días del año, dependiente del Mercado, con múltiples comercios, tiendas textiles sobre todo, barberías, bares y farmacias

IBIZA | VICENTE VALERO El buen tiempo y los barcos empiezan a ser en estos días los mejores aliados de esta popular calle, como lo son también de todo el barrio de la Marina. La temporada ha comenzado por fin y aquellos negocios que han cerrado durante el invierno acaban de abrir sus puertas una vez más. Turistas y vecinos de Vila se cruzan por sus estrechas aceras, entran y salen de sus comercios.

Es difícil que la calle de las Farmacias vuelva a ser algún día la animadísima y bulliciosa calle que fue durante décadas, cuando era la principal calle de acceso al Mercado –no menos animado y bullicioso entonces–, pero al menos el verano le devuelve parte de su antiguo esplendor, aunque la mayoría de sus comercios sean hoy muy diferentes y también, por tanto, la mayoría de sus visitantes y clientes.

La popularmente conocida calle de las Farmacias no se llama así oficialmente, claro, y ni siquiera se trata de una sola calle, sino de dos, las calles Aníbal ­–dedicada al célebre general cartaginés, al menos desde 1888– y Antoni Palau –en homenaje a quien fuera, en el siglo XIX, seis veces diputado por Ibiza y uno de los primeros en edificar en la calle que lleva su nombre–, de trazado que corre paralelo al muro del baluarte de Sant Joan. Entre una calle y otra se encuentra la pequeña plaza de Sa Font, donde durante más de un siglo estuvo ubicada la única fuente de la ciudad. Ya no hay agua en la fuente ni, por supuesto, aguaderos repartiéndola: hay que acudir a las viejas fotografías para hacerse una idea de lo que fue este pequeño lugar al pie de la muralla.

Lo que sí continúa habiendo en las calles Aníbal y Antoni Palau son farmacias, de manera que su popular nombre sigue estando justificado. Tur Viñas, Marí y Villangómez continúan hoy con una tradición familiar farmacéutica de casi un siglo. Hubo una cuarta farmacia, también de largo recorrido familiar –fundada en 1892–, la Puget, hoy reconvertida en perfumería.

Salvo las farmacias, ya quedan pocos comercios con tradición en esta calle. La joyería Pomar es uno de ellos. Elisa, Elena y David se ocupan de un negocio que inició su bisabuelo y que hasta hace pocos años dirigió y amplió su padre. Los Pomar han nacido y se han criado en la calle de las Farmacias y esta calle es su mundo, lo saben todo de ella. También la pastelería Vadell permanece en el mismo lugar de siempre, ha resistido a las transformaciones y crisis propias de un barrio que ha ido deshabitándose, en una calle donde llegó a haber en otros tiempos hasta cuatro pastelerías. Mientras, en la plaza de Sa Font, la joyería Viñets, otro clásico de esta calle, continúa ahora bajo la firma de la franquicia Tous.

Las ciudades cambian deprisa –más rápido que el corazón del ser humano, según dijo Baudelaire–. Precisamente son las calles de una ciudad, grandes y pequeñas, las que aportan este dinamismo continuo que hace que las ciudades asciendan o decaigan, transformando completamente su estructura. Podría decirse que la de las Farmacias es una calle venida a menos desde que el Mercado, del que era dependiente, fue trasladado a otra zona de la ciudad, de eso hace ya treinta años, pero también desde que el centro mismo de la ciudad ha ido alejándose del barrio de la Marina. Como si todo el mundo, un buen día, hubiera hecho las maletas y se hubiera trasladado a vivir a la otra punta.

Hoy los inviernos se hacen demasiado largos en el barrio y sólo el inicio de la temporada turística lo hace resucitar. Esto significa que lo que abunda en la calle de las Farmacias son las tiendas de souvenirs. Y las hay de dos clases. Están los souvenirs tradicionales, los de siempre –como los que también abundan en las calles que parten, desde aquí, hacia el puerto: Montgrí, de la Xeringa, del Mar y Castelar–. Y están los sofisticados, como sus propios nombres ya sugieren: Atlantis, Ibiza Freak, Mystic o Funky Fish... A la primera clase pertenece, por ejemplo, la tienda Rubió, que ocupa el mismo lugar que el célebre café que llevaba este mismo nombre, en la esquina con la calle del Mar.

Una de las dependientas de Rubió se llama Anabel. Para ella, ésta es una calle sobre todo «entretenida», donde se siente a gusto trabajando, de mayo a octubre. Son los turistas «de los barcos» los más codiciados, porque éstos, por lo visto, compran más y mejor. (De manera que los horarios de apertura se adaptan algunos días a la llegada de determinados barcos). Llaveros, camisetas, imanes: son algunos de los habituales ´recuerdos´ de Ibiza que suelen llevarse los clientes.

 

Calle con personalidad propia

La perfumería Polen, al principio de la calle Antoni Palau, con la vista del Mercado enfrente, conserva el antiguo interior de la farmacia que fue. Una de sus dependientas, Elisa, coincide con lo que opinan, en general, todos los que trabajan en esta calle: los inviernos se hacen largos y la calle no tiene vida. Pero la perspectiva del verano lo hace más llevadero. «En invierno viene gente de aquí, clientes de siempre, que les da igual venir desde otras partes de la ciudad. En verano entran sobre todo los turistas que pasean por el barrio».

Mucho antes de ser una tienda de souvenirs, Rubió, ya se ha dicho, fue un conocido bar de este barrio. Ahora, sin embargo, en la calle de las Farmacias no hay ni un solo bar. (La única bebida que se sirve habitualmente en esta calle a quienes la necesitan es la metadona). Tampoco hay pensiones ni hoteles.

No hay duda de que, hoy por hoy, el destino comercial de la calle de las Farmacias no es otro que el del negocio turístico: convertirse paulatinamente –el proceso comenzó hace algunos años– en uno de esos barrios que reciben siempre al llegar a cualquier puerto del Mediterráneo, de pasado marinero, edificaciones típicas, tiendas idénticas y encantador aspecto general. Pero para ello habría también que mejorar algunas fachadas y, desde luego, las aceras, el tráfico y los aparcamientos.

Luis, farmacéutico, hijo y nieto de farmacéuticos, regenta la farmacia Villangómez desde hace algunos años. Para él, buena parte de los problemas que tiene esta calle –y por extensión, el barrio– se solucionarían con la «construcción de aparcamientos subterráneos en Vara de Rey». Lo que necesita el barrio es «más gente en los meses de invierno, más vida, pues aquí da hasta miedo pasear a partir de las siete o las ocho». Para el joven farmacéutico, la peatonización de algunas calles de la Marina «está muy bien, pero siempre que se den a cambio facilidades para aparcar en otra parte, aunque por supuesto cerca». Del mismo modo, cree que las mejoras del barrio pasarían también por incentivar a los comerciantes para que abran todo el año: «La gente, en invierno, no viene a pasear por aquí porque no tiene nada que ver, todo está cerrado». En definitiva, cree que «el Ayuntamiento debería plantearse seriamente acciones para mejorar y dar dinamismo a la calle».
Los pisos son pequeños. No hay ascensor. Muchos de ellos son hoy oficinas, otros están actualmente en alquiler. Continúa también habiendo algún consultorio médico, como el del oculista Román Casanovas o del reumatólogo Ginés Egea.

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