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Paseo S'Alamera, una tentación tranquila

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Ibiza - Illes Balears- Ibiza

El Paseo de S´Alamera de Santa Eulària des Riu es uno de los lugares más conocidos y característicos del pueblo. Su antiguo pozo de Baix evoca épocas no muy lejanas en las que el agua era el principal elemento de la calle, por la que descendían, ade

SANTA EULÀRIA | VICENTE VALERO De esta vieja y pequeña rambla de Santa Eulària hay que decir en primer lugar que, como la calle de Sant Jaume –vía principal del pueblo–, atesora aún, pese a alguna torpeza arquitectónica, ciertos rasgos populares de siempre, su trazado fundacional y su sabor especial y distintivo. S´Alamera es un paseo por el que se puede pasear poco –no es suficientemente largo–, pero en el que resulta agradable poner los pies, estar, hablar con alguien, pasar por allí de vez en cuando para ir a algún otro sitio. Como quien tuvo, retuvo, se diría que conserva todavía parte de aquella gracia de cuando era también la única plaza del pueblo o lugar de reunión popular. Están algunas de sus viejas casas construidas en las primeras décadas del siglo XX.

Está el llamado Pou de Baix, a pocos metros del mar, con sus escalones y su arquitectura típica. Y está el mar mismo allá abajo, desde siempre, al final del paseo, en su pequeña playa de levante. Pero si ha habido aquí, en este sencillo y coqueto paseo, algún elemento primordial digno de ser evocado, ha sido el agua. Casi nadie podría creerlo, si se pudiera dibujar ahora el recorrido que el agua hacía por este paseo a través de sus dos acequias ya desaparecidas. Agua que regaba jardines y huertos de las fincas colindantes. Agua que, como la del río, llegaba de las fuentes del centro de la isla, siempre abundantes, hasta perderse en el mar. Al pozo de Baix, hoy ya solo un elemento decorativo, acudían para llenar sus cántaros las jóvenes pintadas tantas veces por Rigoberto Soler o por Laureano Barrau, a veces acompañadas por sus prometidos –siempre bajo la atenta mirada de las madres–. Era un paseo todo de agua, de juventud y de adelfas, el lugar más alegre del mundo. Memoria viva Bien que se acuerda de todo aquello Carmen Colomar, Serra, una de las vecinas de S´Alamera más veteranas. Esta santaeulariense nacida en Nueva York hace 83 años habita una de las casas del paseo desde 1938. Se diría que es la memoria viva de S´Alamera, un libro abierto de noticias y anécdotas, un registro de acontecimientos y de transformaciones. Y su principal valedora, pues setenta años después de su llegada a este paseo, continúa convencida de que, aún hoy, éste es «el lugar más bonito de Santa Eulària». En él ha visto palpitar la vida de un pueblo.

Recuerda a sus antiguos vecinos, entre ellos, a la maestra Margarita Ankerman, muy querida por varias generaciones de alumnos. Recuerda los dos árboles centenarios al principio del paseo, que lamentablemente fueron derribados en una de las diversas remodelaciones –seguramente cuando el paseo fue embaldosado–. Recuerda el célebre kiosko bar, tan querido por todos, principalmente por los extranjeros, que podían disfrutar de su terraza soleada más horas que nadie, y recuerda también la polémica que originó su definitiva clausura. Recuerda a los pescadores cuando vendían el gerret. Carmen Serra recuerda muchas cosas y ha visto muchas más, en este paseo que, durante varias décadas se llamó Avenida del General Franco –aunque nadie dejó nunca de llamarlo S´Alamera–, un lugar donde parece, sin embargo, que nunca ha pasado nada. Y aún podrá ver esta mujer animosa, evocadora de buenos recuerdos pero satisfecha también con el presente, el anunciado proyecto de peatonización que, para ella, en realidad, no será más que volver al principio de todo, a los tiempos en que las calles y los paseos eran para las personas, no para los coches. S´Alamera va a dar a la mar, como los ríos, entre palmeras y plátanos, cuyas sombras albergan un popular mercadillo entre mayo y octubre. Entonces el paseo se llena de gente variopinta, vendiendo y comprando objetos no menos variopintos. Otro mercadillo artesanal tiene lugar en invierno, los fines de semana. Con mucha o poca gente, este paseo no parece perder la calma: solo el tránsito de vehículos provoca los sobresaltos habituales.

En sus bancos de piedra no faltan tampoco los lectores de diarios. Algunos cafés, como el Cosmi o el Croissant Show, tienen sus mesas en la calle, en una estrecha acera, que ni en invierno ni en verano suelen estar desocupadas. El Pussycat, casi en el mar, es un bar también ya veterano. Hay tres restaurantes y una pizzería. Una óptica, un hotel, dos o tres tiendas de ropa. Una charcutería alemana, una peluquería, un banco y una caja de ahorros. La oficina de Correos está también en S´Alamera. Como la parada de taxis. Un kiosko de prensa y el punto de información turística ocupan, igual que un puesto de venta de cupones, espacio sobre el mismo paseo. Algunos negocios están cerrados hasta verano. Hasta los árboles están ahora, en enero, más despoblados que nunca. Hay un solar vacío y un edificio de ocho plantas, al final, ya en el paseo marítimo, que afean el conjunto de manera notable. De S´Alamera nacen, además, tres calles: San Juan, Algemesí y del Mar. Más que un paseo, S´Alamera siempre parece haber querido ser una tentación tranquila.

 

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