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Calle Sant Jaume, arteria palpitante de un pueblo

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Santa Eulària des Riu - Illes Balears- Ibiza

Santa Eulària nació con esta calle y creció a partir de la misma como referencia casi única. La calle de Sant Jaume conserva su vitalidad social y económica

La calle de Sant Jaume es la arteria principal de Santa Eulària des Riu. En ella se encuentra una gran variedad comercial: desde bares y restaurantes de prestigio hasta supermercados, zapaterías, tiendas de ´souvenirs´, farmacias, entidades financieras... Se encuentra también desde 1929 el Teatro España, de entrañable recuerdo para varias generaciones de vecinos y ahora en plena reforma estructural. Entre los numerosos comercios recientes todavía es posible encontrar algunos con una larga trayectoria. Puede decirse que la historia de estos comercios y de esta calle en general es también la del pueblo.

 

IBIZA | VICENTE VALERO Pocas calles de esta isla, tal vez sólo dos o tres, pueden competir, en cuanto a tránsito de calle sant jaumepersonas y animada vida cotidiana, con la calle de Sant Jaume, arteria principal de Santa Eulària des Riu. Resulta difícil, sin embargo, describir esta travesía aislándola de la vida del pueblo mismo, pues ella es seguramente su motor principal, el centro que lo ha impulsado siempre, y en ella se encuentran todavía algunos de los principales puntos de encuentro sociales, comerciales o administrativos.

En las últimas décadas otras calles y plazas han crecido en vida comercial y animación, se ha creado un mercado alrededor del cual ya existe también una vida propia, ha habido una más clara y fácil apertura al mar con la construcción del paseo marítimo, pero, al contrario de lo que suele ocurrir en otros pueblos o ciudades, no han conseguido desplazar el centro tradicional, ni siquiera disminuirlo o aliviarlo.

En resumen: resulta del todo imposible imaginar Santa Eulària sin la calle de Sant Jaume. Se diría que su fuerza y su tenacidad provienen de la misma fundación del pueblo, como calle Mayor –así fue llamada durante mucho tiempo–, pero también como carretera principal, imprescindible en las comunicaciones con la ciudad de Ibiza y con el pueblo de Sant Carles.

Calle Sant Jaume
La calle de Sant Jaume empieza pasado el puente y termina –aproximadamente– a la altura de la reciente Residencia de Can Blai. Es una calle larga –para lo que son las calles en esta isla–, con tramos muy desiguales en cuanto a vida comercial y viviendas.

Calle y carretera a la vez, en algunos de sus tramos se tiene la sensación de estar realmente en una calle y en otros simplemente en una carretera.

El tráfico de coches ha sido siempre tan importante o más que el de las personas, aunque la creación de un cinturón de ronda en la parte norte del pueblo ha aligerado mucho el número de vehículos. El cinturón ha descubierto así, sin proponérselo, otorgándole una importancia que no tenía, el nombre de otra calle: el de la maestra Margarita Ankerman, de precioso recuerdo para muchos y ya viejos estudiantes del pueblo.

Con todo, los coches siguen siendo constantes a todas horas del día, para alegría de los comerciantes, que sólo temen a una cosa que pueda ser peor que el hecho de que circulen demasiados vehículos: que no circule ninguno.
El pueblo nació como tal a finales del siglo XVIII y se desarrolló principalmente a lo largo de la calle de Sant Jaume, siempre bajo la sombra protectora del Puig de Missa, su joya más preciada. Basta volver a ver el pequeño plano del pueblo que trazó en 1937 el escritor norteamericano Elliot Paul como ilustración de su célebre novela: dibujó solamente una calle, que llama simplemente Principal, con las casas más importantes de la misma. Algunas de aquellas casas continúan y otras no o han sido transformadas.

La plaza España, con el edificio del Ayuntamiento, y el paseo de S´Alamera pueden verse, tanto en el plano de Paul como en el trazado actual, como lugares de importancia pero se diría que igualmente dependientes de la calle de Sant Jaume. Sin duda, el tramo más relevante es el que empieza aquí, en la confluencia de la plaza y el paseo, y termina en la calle de Sant Llorenç.

En el inicio de este tramo, confluyen también dos bares: el Royalty y Can Cosmi, que se miran de frente separados por un paso de cebra. Calle Sant Jaume

Hay en la calle de Sant Jaume hasta cuatro bares más, sin contar los restaurantes –dos clásicos del género, por cierto: el celler Can Pere y Ca na Ribes–, pero el Royalty y Can Cosmi ofrecen diariamente un espectáculo singular, por cuanto que en ambos bares da la impresión de que con frecuencia se cuecen conversaciones y hasta negocios de cierta enjundia.

La cercanía de estos dos bares con el Ayuntamiento los convierte en antesalas de trámites burocráticos y en ellos comparte terraza una variopinta humanidad que va desde el funcionario al residente extranjero, el artista y el constructor, el concejal y el turista, el natural del pueblo mismo y el de cualquier otro punto del amplio municipio que se ve obligado, desde Jesús o Sant Carles, a acercarse por la mañana al centro administrativo para presentar o pedir papeles...

Cada cual disfruta del café a su manera y lo combina con diferentes panecillos, bollos, cigarrillos, saludos y gesticulaciones.

Calle mañanera

La calle de Sant Jaume es mañanera, aunque sin exagerar, y no solamente por los bares a los que acude temprano la gente para tomarse su primer café, antes de ir al trabajo o de empezar las compras cotidianas.
Se empieza a trabajar sin prisa ninguna pero temprano. Hay comercios muy distintos, como corresponde a una calle que es una representación fidedigna de la vida del pueblo en general. Hay boutiques y tiendas de souvenirs, pero también supermercados, estudios de fotografía, zapaterías e inmobiliarias.

En esta calle se puede alquilar una moto, comprar carne, oír misa, poner gasolina, visitar una exposición de pintura y cortarse el pelo, entre otras muchas cosas... Pero sobre todo hay bancos y cajas de ahorro –hasta ocho–, lo que demuestra su vitalidad económica. La de Sant Jaume es una calle en la que todo el mundo quiere estar, asomar la cabeza, vender algo.

Tres de las cuatro farmacias del pueblo se encuentran aquí: otra verdadera ´calle de las farmacias´ por tanto, se podría decir. También son mañaneras por tradición las dos panaderías-pastelerías, ahora con menos competencia desde que la más veterana –Can Mayans– ha cerrado definitivamente hace poco por jubilación.

Y hay hostales y apartamentos, porque, después de todo, esta es también una calle turística. Y aquí está también el viejo hotel La Cala, hoy muy transformado, que en otros tiempos, allá por los años 50, ofreció los mejores bailes a los jóvenes del pueblo –y a los que no eran del pueblo pero también venían hasta aquí para bailar–.

La botiga más antigua de la calle de Sant Jaume es ´Can Eulèrie´, que abrió en 1936. En ella –un pequeño local con techo de vigas de madera y trespol como pavimento–, su propietario, Parejo, vende hoy más o menos lo que lleva vendiendo toda la vida, pero no por mucho tiempo ya, porque tiene planes muy próximos para retirarse. Lleva 40 años en esta popular tienda de comestibles que abrió su abuela y en la que trabajó durante décadas su madre.

Para Parejo, la calle de Sant Jaume ha sido y sigue siendo «el pulmón del pueblo» y él siempre, dice, se ha sentido muy a gusto en ella. La competencia siempre fue importante en este negocio: Casa Rosita, Las Delicias, Coxu, Sa Cova, Ca na Aubarca, Can Busquets... La botiga de Parejo es la única que ha resistido al paso del tiempo; las otras ya desaparecieron definitivamente o se han transformado en otro tipo diferente de comercio.

Otros negocios podrían presentar también, si quisieran, certificado de antigüedad, entre ellos Tejidos Cardona y el bar Royalty. Incluso las monjas trinitarias podrían presumir de veteranía por haberse establecido aquí, en la calle de Sant Jaume, en 1937, cuando el obispo Cardona Riera Frit decidió traerlas para crear un colegio y, poco después, también una iglesia, construida con la ayuda de muchos de sus vecinos, la de Nuestra Señora de Lourdes.

La calle de Sant Jaume nació para, a su vez, hacer posible un pueblo nuevo. Más de dos siglos después parece que conserva, con buena salud, su porte fundacional, su orgullo de calle importante.

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