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Turkmenistán, el desierto nómada

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La exrepública soviética vive encajonada entre las arenas del desierto junto al Caspio

RedacciónCon la disolución de la Unión Soviética a principios de los años 90 aparecieron en escena una serie de nuevos países. Europa ganó ´vecinos´ como Ucrania o Lituania, pero la desmembración del gigante comunista también afectó a Asia, que vio como el norte se convertía en varios países- Uzbekistán o Kazajistán se independizaron de la URSS como estados soberano y así ha sido desde entonces, tal y como lo hizo Turkmenistán.

El país asiático ha estado poblado desde tiempos inmemoriales. Las tribus turcomanas han sido, tradicionalmente, nómadas, lo cual es normal, puesto que mayor parte de la superficie del país es un enorme desierto. Tan solo hay unas pocas ciudades, entre ellas, la capital, Ashgabat.

Turkmenistán ha estado sometido a regímenes autoritarios desde finales del siglo XIX, cuando fue anexionado al imperio ruso de los zares, después entró como una república soviética en la URSS y tras su independencia con Saparmyrat Nyýazow, el presidente del país desde 1991 hasta su muerte en 2006. Nyýazow fue un dictador turcomano que mantuvo el país bajo un régimen de hierro. Gran parte de las estatuas y monumentos del país son en memoria a él o para honrarlo, un megalomaniaco culto personal. Se conoce a Turkmenistán como la ´Corea del Norte de Asia Central´.

La capital es el centro turístico más interesante. Ashgabat intenta conseguir un aspecto más occidental, pero manteniendo elementos propios de su cultura, al estilo de Dubai o Qatar, pero sin tanto presupuesto para ello. Impresiona encontrar este oasis en medio del desierto de Asia Central. Gran parte del país mantiene un estilo de vida nómada, por lo que es posible encontrar pequeñas tribus que moran en las dunas de arena que pueblan Turkmenistán.

Dejó escrito el reportero polaco Ryszard Kapuscinski que: "un turcomano que ha vivido tanto como para llevar una barba blanca lo sabe todo. Tiene una cabeza llena de sabiduría y unos ojos que han leído en el libro de la vida. Conoció el sabor de la riqueza cuando le dieron su primer camello. Conoció las miserias de la pobreza cuando se le meurió el primer rebaño de ovejas. Ha visto pozos secos, de modo que sabe lo que es la desesperación, y ha visto pozos llenos de agua, de modo que sabe lo que es la alegría. Sabe que el sol da vida, pero sabe también que el sol trae la muerte, cosa de la que no es consciente ningún europeo".

Así pues, Turkmenistán es un país distinto, de esos que no suelen aparecer en las guías de viajes, pero que por su desconocimiento y misterio hace que entren ganas de coger el primer vuelo que aterrice en Ashgabat.

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