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Marta Torres

Aferrados con grapadora al teletrabajo

Los sanitarios, por supuesto. Pero también las cajeras de los supermercados, conductores de autobús, dependientes de cualquier comercio, empleadas de la limpieza, taxistas, los basureros, cuidadores de personas mayores y discapacitados, policías, guardias civiles, bomberos, fruteros, verduleros, carniceras, pescaderas y floristas de los mercados, vendedores de los cupones, mecánicos, camareros, cocineros, farmacéuticos... No les ha quedado otra, si no han perdido el empleo, que tragarse el miedo y acudir a sus puestos de trabajo todos los días. Ninguno de ellos ha catado, sin vacunar y en los peores momentos del virus, el teletrabajo. Una herramienta muy útil que ha abierto opciones laborales y posibilidades de conciliación, cierto. Y algo a lo que algunos trabajadores del Consell parecen aferrarse con celo y grapadora ahora que les han dicho que tendrían que ir volviendo a las magnas instalaciones. Un trabajo fijo del que no les van a echar por mal que lo hagan, un sueldo estable y decente, sin la sombra de un cierre y con más garantías de seguridad que las de la mayoría de los trabajadores no parece suficiente para ellos. Las pandemias, como las guerras, descubren a los héroes de la puerta de al lado. También a los que con aplaudir desde el balcón les sobra.

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