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El buen maestro: Una escuela que respira

François Foucault es el profesor que va a comprobar, a sus 40 años, cómo su plácido universo habitual sufre un cambio radical
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Escena de la película. RTVE.ES

Escena de la película. RTVE.ES

Efectúa una mirada precisa y a menudo entrañable, sin desechar en absoluto un toque de comedia, de la escuela y de sus protagonistas, el maestro y los alumnos, pero lo hace deteniendo su mirada en unos jóvenes marginados que reflejan la realidad sociológica de un país como Francia que ha experimentado un cambio más que considerable al respecto, fruto en parte de una inmigración al alza.

El resultado es una película que tiene motivos para interesar y para emocionar al espectador y que supone la interesante ópera prima del director Olivier Ayache-Vidal, que ha sacado un enorme partido de la enriquecedora experiencia de haber compartido durante casi dos años con 500 alumnos las clases diarias de un colegio de la periferia de París. Interesado por los temas educativos y por la pedagogía, su trabajo ofrece una indudable proyección de futuro.

Aunque los cimientos de la cinta remiten a factores previsibles que el cine ha convertido en algo cercano al tópico, especialmente un final obligado en el que se busca fomentar la lágrima, los fotogramas tienen la suficiente entidad para impedir que la historia que vemos se venga abajo.

François Foucault es el profesor que va a comprobar, a sus 40 años, cómo su plácido universo habitual sufre un cambio radical. Es fruto del inesperado traspaso del que es objeto por decisión de las autoridades educativas, que le "aconsejan" que deje su lujoso instituto de siempre, el Henri IV de París, para instalarse, al menos por un año, en un centro de enseñanza secundaria en un ghetto de la capital francesa. Una decisión que acepta a regañadientes y que modifica por completo el paisaje humano en el que se ha movido siempre, que a partir de ahora se nutre se inmigrantes de orígenes diversos, y de jóvenes que reaccionan con una hostilidad que brota muchas veces de la incomprensión.

Simultaneando la tensión y el humor y recreando con detalle el proceso de integración, lento y con incidentes graves, que conducen a medidas coercitivas, se va configurando un clima social más sosegado y abierto al diálogo. Un planteamiento que se vale en ocasiones de una visión allgo simplista de la figuira de François, pero sin que se pierda nunca el verdadero sentido de la convivencia.

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