Albamar 2011

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Albamar 2011

ALBAMAR 2011 procede al 100% de uvas albariñas con una antigüedad de 28 años de la comarca de Salnés, en Pontevedra

Hay mestizajes naturales que producen cambios ligerísimos, como aleteo de mariposas, que van cobrando la importancia que deben de tener conforme las fichas del dominó caen, se suceden los acontecimientos y las connotaciones dejan de ser triviales.

Me gustan los vinos que nacen cerca del mar, también. Porque hay algo de viajeros quietos en s
us pliegues. Algo de viento y salinidad. Algo de horizonte.

Cada vino que llegamos a probar, si entra en nuestra colección de buenos recuerdos, tiene una mirada y una palabra. Una atención que dedicarle. Porque detrás de cada vino hay una historia, y no solo un territorio, unas manos y un esfuerzo que pocas veces somos capaces de comprender mientras degustamos sus presentes.

ALBAMAR 2011 procede al 100% de uvas albariñas con una antigüedad de 28 años de la comarca de Salnés, en Pontevedra. Y su geografía lo convierten en un vino marinero, que por una parte hermana la amplia ría de Arosa con la potencia del bajo Miño, con las corrientes marinas y atlánticas que humidifican sus cepas y sus tierras. Lomas ligerísimas donde lo verde se duerme y capta un clima que nos regalará un vino gustoso, fresco y brillante, donde se muestra una agricultura muy cuidada, y una atención extrema a la hora de la recogida del producto y su transformación. Además, para que el vino gane en personalidad y cuerpo, se le deja reposar durante cinco meses en lías, aportando así en boca una estructura sedosa y tersa que hace que el paso en boca sea marcado.

El esfuerzo constante de los productores que tienen muy claras sus ideas consiste en darle todo el respeto posible a la uva para que hable de aquello para lo que su tipología está preparada. Nada de acercarnos a sabores de moda que enturbien la verdad de una cepa, de una viña, o de una uva, por muy humilde que sea y por muchas veces que haya sido elaborada. Por eso encontrar una acidez que permita pensar en vida nos lleva a sentir que la vida de los vinos puede alargarse gracias al cariño y la sabiduría que se pone en su trabajo en el campo. Que es de donde tienen que salir los vinos para el futuro. El campo, en este caso es la expresión de una D.O que trata de ofrecer vinos con capacidad de envejecimiento y una riqueza de matices que hasta ahora no se podías ni pensar en estas zonas, excepto el trabajo callado de esos bodegueros que con el paso de las vendimias han demostrado tener una razón aplastante.

Los vinos no deben ser solamente un líquido sencillo de beber. Deben de atreverse a contarnos una historia que nos permita un diálogo mientras los tenemos delante, y mientras podemos recordarlos. Eso será siempre un signo evidenciable de que no queremos dejar que pasen las cosas por delante de nuestra vida sin prestarles atención.
La bondad hay que atreverse a buscarla, más allá de los precios, y quedarnos, si podemos, con la verdad, término singular y desvirtuado, pero que está presente en muchas de las historias que nos llegan a narrar vinos como éste.

ALBAMAR 2011 consigue que miremos la copa, que nademos olfativamente para encontrar ese mundo que ha vivido durante su crianza, que dejemos en nuestra garganta que las notas cítricas y frutales expresen el empeño de una bodega por ofrecer honestidad y presente. Un momento de placidez, de recoger la tibieza de una solaridad media que hacen, junto al frescor propio de una hermosa uva, que sintamos que es posible, estos días, sentir que la vida debe de tener otro horizonte, realmente más apetecible. Con dos aires salinos rondándonos la garganta.

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